Después de estas elecciones, lo peor que podemos hacer es caer en la autocomplacencia por los resultados o en la utilización de los mismos en el proceso interno de la asamblea provincial. Por tanto, se imponen la objetividad, la veracidad y el compromiso con nuestro proyecto, en clave de apuesta por su desarrollo político, organizativo y electoral.
A la espera de que los órganos federales hagan su valoración política, la pérdida de sesenta mil votos (acompañada de pérdida porcentual de cuatro décimas) respecto a las elecciones de 2004, que ya fueron suficientemente negativas (recordemos los efectos de la no elección de Salvador Jové), indican que aún no estamos haciendo las cosas bien. Hemos bajado a pesar de la pésima campaña realizada por el PSOE y el PP, dedicados en cuerpo y alma a lanzarse mutuamente acusaciones de corrupción. Hemos bajado cuando la crisis ha puesto en la calle a cuatro millones de trabajadores y mandado a la ruina a miles de empresas. Es evidente que las crisis también producen conservadurismo en las clases populares, pero también que ello suele ir acompañado de un repunte de las fuerzas políticas defensoras de los intereses de trabajadores y trabajadoras, lo cual no ha ocurrido en nuestro caso.
Para superar la situación actual, es necesario que apostemos decididamente por el desarrollo y la refundación de IU, masivamente apoyada por la asamblea federal.